Y supe que lo hacía de una manera más profunda, más intensa y más sincera.
Siempre he tenido una pésima memoria para las cosas, y, en realidad, no recuerdo todo lo que sucedió ese día. Sólo recuerdo el momento en el que supe que mi vida no podía ser sin él.
Fue un día entre el momento que pasamos la línea de la amistad y antes de ser pareja. Estábamos en mi habitación, él se encontraba recostado en mi cama y yo tenía mi cabeza en su regazo. Nos reíamos de algo, era tan natural que volteé a verle a los ojos y ví un destello en ellos que me atrapó enseguida. Lo que pensé puede que haya sido estúpido o poco convencional, pero no importa, para mí era la descripción de todo lo que estaba dándome cuenta que sentía por él: '¡Está vivo!'
Eso fue lo que atravesó mi cabeza y de inmediato comencé a sentir la calidez que su cuerpo emanaba. Mi corazón notó un infinito amor, un enorme agradecimiento porque esta persona, aquella con la que disfrutaba tanto estar, estaba viva y a mi lado, que esta maravillosa persona compartía su tiempo y su aliento conmigo.
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